Amelia salió cogida de la mano de Matt, apenas cruzaron el umbral de la puerta de la compañía, sus lágrimas rodaron sin control por sus mejillas. Soltó la mano de su amigo, y saco un pañuelo de su cartera para secar su rostro.
—Amelia, ¿estás bien? —le preguntó Matt preocupado
—Sí, muy bien—se secó las lágrimas y levantó la cabeza firme de nuevo —vamos, llévame a ese gran lugar que me dijiste, tengo apetito.
—Está bien—Ambos se subieron al auto de Matt, un espectacular BMW, ella apenas sonrío al abrochar el cinturón.
—Los negocios están yendo bien ¿verdad? —lo miro de reojo
—Sí Amelia van muy bien, pero me ha...