Fernando, sumido en los efectos del alcohol, se encontraba totalmente ajeno a sus acciones; en su mente, solo existía la vívida imagen de Amelia, inmerso en la fantasía que su mente creaba.
—¡No sabes cuánto te deseo! —Exclamó Fernando , escapándosele las palabras.
—¿De verdad? Yo también te deseo. —Claude se encendió con las declaraciones de Fernando y continuaron con apasionados besos, la pasión ardía. La acarició de manera sublime.
—¡Amelia! ¡Te amo! —Nuevamente, su subconsciente lo traicionó. Claude se levantó de golpe y se cubrió con las manos.
—¿Amelia? ¿Dijiste Amelia? —Gritó enfurecida.
De repente, Fernando empezó a reflexionar y se dio cuenta de que estaba frente a Claude,...