Rafael:
Terminé de revisar mis correos, me levanté de la silla y me dirigí al vestier para vestirme cómodo. Luego, salí de mi habitación y caminé hacia la recámara que ocupaba Sofía. Pero, justo cuando me dirigí al pasillo central de la parte alta del rancho, encontré a tía.
—¡Buenos días, tía! ¿Ya está listo el desayuno? Voy a llamar a Sofía, para que salgamos temprano —enuncié, besándola en la mejilla alegre.
—¡Ahhh! —Exclamó tía con asombro— ¿Tampoco te avisaron a ti? —replicó con desagrado, mirándome con incredulidad.
»Resulta extraño, que no te avisaron. Ellas, ya se fueron —afirmó esta.
—¿Cómo así? ¿Por qué se fueron? —Pregunté anonadado— ¿Pasó algo...