Rafael:
Al finalizar la fiesta de cumpleaños, Sofía, Estefanía y yo, cada uno con un mellizo en brazos, entramos a la mansión y subimos a la habitación que comparten los tres. Estos, estaban totalmente dormidos, porque para ellos su fiesta había sido agotadora.
Los tres disfrutaron de todos los juegos y actividades programadas. Una vez, que cambiamos su ropa, los vestimos y salimos de su habitación, en silencio, para no perturbar sus sueños. Nos despedimos de Estefanía y nos dirigimos a nuestra habitación, para celebrar, en la intimidad, mi cumpleaños.
—¡Bueno, señor Rincón! Ahora es cuando recibirá su verdadero regalo —me susurró en mis labios Sofía, ronroneando después.
Ella, se...