Rafael:
«¡Si no me equivoco, ese fue otro arrebato de celos!», recapacité en silencio, mirando a Sofía caminar hacia los baños. Pedí permiso, me levanté del asiento y caminé detrás de ella hacia la misma zona.
Esperé afuera, que Sofía saliera del baño y la tomé de la mano con fuerza, buscando un lugar apartado en donde hablar con ella, sin interrupción. Le arrastré por un pasillo largo, hasta que salimos a un espacio abierto, como especie de terraza.
—¡Suéltame Rafael! —Gruñó ella enojada, sin levantar la voz, evitando algún escándalo— ¿te volviste loco? —preguntó, hecha una fiera, tratando de soltarse de mi mano.
—¡Sí! Me estoy aburriendo de escuchar...