Punto de vista de Carlos
Lía me sonríe un poco tímidamente y no puedo evitar torcer los labios hacia arriba ante su sonrisa tan natural. Quiero acercarme y tocarla, pero no sé cómo lo recibirá. Así que, obligo a mis manos a quedarse quietas porque no quiero asustarla en este momento. Ella ha logrado superar todos mis sentidos y ni siquiera recuerdo por qué estaba tan tenso al principio.
Sin perder el ritmo, Lía cierra la distancia entre nosotros, se pone de puntillas, me rodea con los brazos y me abraza. Por un momento, es torpe y descoordinado. Hay una considerable diferencia de altura entre nosotros, por lo que no...