El reloj despertador suena a las siete de la mañana, en punto, emitiendo ese horrible pitido que tanto odia Harper. Estira la mano y de un golpe acalla el aparato del demonio. Se remueve entre las sábanas y refunfuña. ¡Joder! ¿Por qué dijo que sí?
«¿Es que acaso ese hombre no duerme? ¿Quién en su sano juicio sale a hacer footing8 un sábado por la mañana?».
«En realidad; miles de personas en el mundo, así que sal de la cama, perezosa». Le espeta la vocecita de su conciencia.
Vuelve a refunfuñar cuando logra incorporarse sobre la cama.
Los viernes y los sábados son sus días libres, pues de domingo a...