—¡Señorita!
Doy un brinco y sacudo la cabeza. Un caballero de unos cincuenta años me observa con el entrecejo fruncido. Bajo la mirada y veo unas cuantas cosas sobre el mostrador.
—¿Cuántos es? —indaga él.
Miro los artículos y saco la cuenta mental
—Son trece con ochenta —respondo sin titubear.
—¿Y más una cajetilla de cigarrillos? —tantea.
—Son veinte —le respondo.
El cliente saca un billete de su cartera y lo pone sobre la superficie metálica. Sin perder tiempo, tomo el dinero y lo meto en la caja registradora.
—Que tenga un excelente día —sonrío.
—Igualmente, Harper.
El caballero asiente con la cabeza, toma sus cosas y se da la...