No puedo dejar de mirarlo e imaginar tantas cosas. ¡Joder! ¿Por qué tiene que ser tan guapo y sensual? Con esa aura sexual que despide a su paso y que me hace querer decirle a gritos: “tómame”.
Por momentos, siento ganas de irme y alejarme de todo esto que él representa, pero muy dentro de mí no quiero hacerlo. Anhelo seguir viéndolo y rememorando cada segundo que pasamos juntos. ¡Diablos! Tengo que reconocerlo, no he podido dejar de pensar en Daniel, ni un solo segundo desde el día que decidí ponerle punto y final a nuestro romance de verano. Porque, se supone que eso ya llegó a su final, ¿o...