Fernando separó más sus piernas y se abrió paso para que su lengua tuviera acceso completo a su entrada. La rubia arqueó su espalda sintiendo un gran impulso sobre su intimidad, soltó un gemido seguido de un ronroneo que Rangel había extrañado escuchar. Lo estaba disfrutando, claro que lo hacía y de una forma que había extrañado mucho, de nuevo eran ellos, Fernado y Camila, solo ellos nadir más.
—Fernando... ¡Por Dios! ¡Si!... —El azabache alzó sus piernas para tener más acceso y poder meter uno de sus dedos previamente ensalivados a su estrecha entrada. Era la mejor sensaciones de todas, estaba tan húmeda, y no solo por la saliva...