Fernando acaricio su espalda mientras su esposa lo follaba tan bien, tan jodidamente bien, moviéndose como solo ella sabía, seguía con la imagen de como Camila se empalaba por si misma, comiéndose todo su pene, hasta la empuñadura, escuchar cada uno de sus gemidos era la gloria. ¿Qué más podía pedir? La omega lo tenía todos y él sería su esclavo si se lo pidiera, solo tenía que decirlo y el haría cualquier cosa por ella, esta en definitiva, enamorado hasta morir. Pronto las pobres piernas de la rubia empezaron a perder fuerza, la sensación era magnífica, pero el casación era una de las consecuencias. así que levantó su trasero...