El punto de vista de Ernesto.
Cuando entré al Club Umbra, de inmediato me sentí incómodo. Nunca me ha gustado ir a discotecas porque son ruidosas y agobiantes, con mucha gente apretujada.
Me preguntaba por qué tanta gente estaba dispuesta a pagar los elevados precios de la afiliación. Pero eso no tenía importancia de momento.
Fue fácil ver a Marcos entre la multitud. Su estatura de más de dos metros y su enorme cuerpo musculoso lo hacían sobresalir.
Me acerqué a él con el semblante serio, ya que tenía que abrirme paso entre la multitud. Detestaba que otras personas me tocaran, sobre todo cuando apestaban a sudor, humo de cigarrillo...