••• Punto de vista de Amelia •••
De repente todo se volvió borroso y casi perdí el equilibrio. El culpable era Ernesto, quien me había tomado de la cintura y girado para que quedáramos cara a cara. Para no caerme, apreté su traje con mis manos.
Estábamos tan cerca que podía oler su perfume. A pesar de que yo era alta, él lo era todavía más. Incluso con los tacones que llevaba, mi cabeza apenas y le llegaba a la nariz.
Entonces yo volteé hacia arriba en el momento exacto en el que él bajó la vista y nuestras miradas se encontraron. Vi en sus oscuros ojos el deseo brillando...