El punto de vista de Amelia.
Cuando llegué a la sala de Celia, la vi a ella y a Maia demacradas y pálidas, con la respiración muy débil, como si estuvieran al borde de la muerte, pero no sentí nada. Ni un poco de culpa. Tal vez me había vuelto cruel debido al maltrato que recibí durante los tres años que estuve aquí e incluso después de dejar la Manada Garra Roja.
Nico empezó a examinar a mi excuñada y Maia, mientras Ernesto, alfa Mateo, el médico, y yo permanecíamos a un lado, viéndolo trabajar en silencio.
Se me acercó con una jeringa vacía y yo me encogí de hombros,...