El punto de vista de Ernesto.
Aún no podía olvidarme de las lágrimas de Amelia y del dolor en sus ojos cuando le pregunté por qué siempre era despiadada.
En mi mente no paraban de repetirse sus palabras. Al pensar en nuestros tres años juntas, recordé que Celia solía humillar a mi excompañera. Incluso Maia lo hacía. La trataban como a una omega cuando se suponía que era su luna. Sin embargo, ella siempre cumplía todas sus exigencias y nunca se quejaba.
Y yo, como su pareja y el alfa de la manada, no hice nada para proteger a mi luna. En una ocasión incluso le dije que lo que...