*Punto de vista de Leonardo*.
Claro, estaba furioso... Maldit* sea… Y «furioso» se quedaba corto para describir lo que sentía en ese momento. Estaba iracundo, en especial cuando vi el dolor en los ojos de mi pareja debido a las absurdas solicitudes de su m*ldito ex para que yo la rechazara.
Me dieron ganas de golpear a ese desgraciado que se atrevía a soltar tonterías sobre rechazarla.
Mi lobo, Pedro, estaba gruñendo y luchando por tomar el control de mi cuerpo, deseando poder arrancarle una extremidad a ese tipo. Por suerte, logré mantenerlo a raya diciéndole que podríamos asustar a nuestra pareja si lo atacábamos en ese momento.
¿Cómo se...