―¿Buscamos el Ferrari? ―preguntó Christopher, tomando el mentón de Amber en sus manos y besando sus dulces labios.
―¡Siiii! Por favor, mi amor compláceme ―expresó ella, rebelde y traviesa. El sonriente le besó los labios y le susurró al oído…
―¡En todo lo que quieras! ―garantizó, sonriendo y soltándola para encender su coche e ir nuevamente al Penthouse.
―¿Prometido? ―preguntó ella, risueña― Después no me niegues nada.
―¡Estás muy consentida! ―confirmó él, asombrado, pero feliz.
―Para eso soy tu reina, tu princesa y tu mujer, lo más importante ―agregó ella, con una mirada pícara que a él deleitó.
―¡Vamos! Porque si no terminaré haciéndote el amor, aquí dentro del Maserati...