—Deja que vaya al baño —anunció ella, tratando de controlar la molestia que sentía— Ya vengo para acostarme contigo. Me parece que me vino la menstruación y siento mucho dolor en el vientre —farfulló esta.
De inmediato, él recordó que anteriormente cuando eso ocurría, se acostaba o se sentaba a su lado, para masajearle suavemente el vientre. Además, que el calor de su mano le favorecía, según le confesó ella en una oportunidad.
—¡Ve y vuelve! Para que te acuestes a mi lado y poder masajear tu vientre para aliviar el dolor ¿Tienes calmante? —interrogó él con ternura, consciente que esto la pone de mal humor.
—¡No! Se me olvidó...