Al día siguiente
Christopher, bien temprano, se comunicó con su padrino. Él le informó sobre las noticias de la noche anterior y de cómo las autoridades Americanas, iban a solicitar la extradición para los dos Lugo. Al parecer, la pena que solicitaban era la cadena perpetua por sus fechorías.
―Hijo, ten la seguridad que apenas llegue la solicitud formalmente a nuestro país, de inmediato le daré curso ¡Cuenta con eso! ―afirmó su padrino con sinceridad.
―¡Gracias, padrino! Te estaré infinitamente agradecido ―respondió Christopher, más tranquilo.
―Yo también, estoy muy agradecido contigo, esa ayuda que me diste con Rocío, para sacarla de ese vicio y que se convirtiera en una mujer...