Había pasado un mes desde que me enteré de aquellas dos grandes noticias. Mi estado de salud estaba bastante delicado, los síntomas del embarazo me estaban consumiendo. Ya no sabía diferenciar cuáles eran los del tumor. Mi cabeza dolía muchísimo, estaba perdiendo demasiada masa muscular, mi cara estaba desencajada y mi cabello había perdido el brillo que siempre tenía.
Me encerré en la habitación y solo recibía visitas de Jerry, Ricky y Walter. Este último me hacía sentir protegida, no sé por qué pero sentía algo que no encontraba cómo explicar. Me gustaba su calidez y las sensaciones que me provocaba.
Era como el sol de la mañana: cálido y...