Mi corazón estaba desgarrado mientras atravesaba las estériles puertas del hospital. Me sentía completamente impotente ante la situación y la fragilidad de Vanessa, mi amada esposa. Desde aquel fatídico dia que la dejó en coma, mi vida se convirtió en una angustiosa espera.
El intenso olor a desinfectante llenaba el aire, haciendo eco de mis miedos más profundos. Me dirigí hacia la habitación de Vanessa, donde se encontraba postrada en una cama, conectada a varios equipos médicos. Su delicado rostro parecía aún más frágil y apagado, lo que me hacía luchar contra la desesperación que me consumía.
Tomé su mano entre las mías, sintiendo la falta de calor y vida...