Ricardo:
Llevaba ya ocho horas en la sala de espera, no sabía si estar parado o sentado. Jerry había estado aquí con Ricky, su esposo. Ahorita estaban en la empresa. Ya había amanecido; eran las siete de la mañana y no tenía respuesta. Mi querido chófer Wels viene hacia mí con un vaso de café, justo lo que necesito.
—Buen día señor, tome, le traje un café. Sé que lo necesita.
—Gracias Wels, siempre atento.
—Señor, sé que no es de mi incumbencia, pero tenga fe y mucha paciencia. La señora es bastante fuerte; estoy seguro de que saldrá bien de todo esto, y la pequeña Fuenmayor también.
—Gracias Wels,...