Mi padre y mi hermana utilizaron todas sus conexiones posibles para encontrar otro hígado compatible para mi madre.
Pero un hígado compatible no es tan fácil de encontrar.
Pasaron dos semanas, y el doctor les dio un ultimátum.
Era crucial encontrar un hígado lo antes posible, o mi madre corría un grave peligro.
Así que, de nuevo, todos empezaron a llamarme.
Aún no lograban ponerse en contacto conmigo.
Se miraron entre ellos, dándose cuenta de que, aparte de llamarme, no tenían otra manera de contactarme.
Papá carraspeó:
—¿Alguno de ustedes tiene el número de algún amigo o compañero de Perlita?
Todos miraron a Enrique.
Él sacó su teléfono y llamó...