Cuando mi hermana regresó, exageró los detalles de mi supuesta muerte fingida.
Inmediatamente, toda la familia comenzó a condenarme.
—Sabía que esa ingrata solo piensa en sí misma.
—¿Cómo es que di a luz a alguien tan desalmado?
—Hermana sigue enojada conmigo, iré a disculparme, a expiar mis culpas.
Las lágrimas de Perla avivaron aún más las críticas hacia mí.
Mientras consolaban a Perla, me insultaban con palabras aún más crueles.
Enrique la sostenía medio abrazada, mientras acariciaba suavemente su espalda para consolarla.
—Pepa, no es tu culpa. La bondad no es una excusa para que Perlita te maltrate. Alguien tan malicioso como ella está destinada a no ser querida...