—¿Qué dices, mamá? —preguntó Perla con su habitual inocencia, sin entender del todo.
Pero mamá no le prestó atención, y en cambio, rió de manera neurótica.
—En vuestro parecer, seguramente soy la persona más estúpida del mundo. No amo a mi propia hija, sino a la hija de mi enemigo.
Las expresiones de Perla y tía Sucina cambiaron de inmediato.
—¡Detén el coche! —gritó tía Sucina.
Enrique también se dio cuenta de que algo no estaba bien y trató de tomar el volante.
—He pasado toda mi vida considerándome perspicaz, pero al final, fue como si un cuervo hubiera mordido mis ojos. Todos dicen que soy ciego y sordo, que...