Isabella recobró el conocimiento con lentitud, su mente aún nublada por los efectos del cloroformo. Se encontraba sentada en una incómoda posición, y al enfocar su mirada, notó que no estaba en un automóvil como había supuesto, sino en una camioneta. Era evidente que Mijaíl, su captor, había sido astuto al cambiar de vehículo para evitar ser rastreado.
El espacio en la camioneta era reducido, y ella se dio cuenta de que estaba sentada en las piernas de Mijaíl, quien la sostenía con un agarre firme. Aunque Isabella aún se sentía aturdida y desorientada, comprendió la peligrosidad de su situación. El ruido del motor y el movimiento de la camioneta...