Masha siguió su rutina nocturna en el bar, moviéndose entre las mesas con gracia y confianza. Sin embargo, esta noche algo era diferente. Una figura masculina en la entrada captó su atención de inmediato. Sus ojos se posaron en él, atrapados por su presencia magnética y segura. Era un hombre alto y con una postura que irradiaba poder.
Se acercó a la barra y, casualmente, se apoyó contra ella mientras observaba al hombre. No le llevó mucho tiempo descubrir su identidad. Romero, uno de los escoltas de su tío Lorenzo. Había escuchado hablar de él en conversaciones pasadas, pero nunca antes lo había visto en persona. Parecía ser un visitante...