Isabella yace recostada en los brazos de su madre, Aurora. Con ternura y paciencia, Aurora busca consolar a su hija, quien parece incapaz de contener su llanto.
Las lágrimas de Isabella fluyen sin cesar, sumiendo el ambiente en un aura de tristeza. Aunque las palabras parecen insuficientes, Aurora envuelve a su hija en un abrazo reconfortante, tratando de transmitir su amor y apoyo a través de ese gesto silencioso.
.—Isa, calma — le pide Aurora, acariciando suavemente el cabello de su hija, preocupación en sus ojos.
—No tienes idea de lo severo que fue ese juez con la sentencia. Yo le prometí justicia a esa mujer y le fallé, mamá...