Dimitri se encontraba en la bulliciosa plaza de la ciudad de Roma, rodeado por el constante ir y venir de la gente. Allí estaba, disfrutando de un soleado día mientras jugaba con su perro Bossi. El perro era una verdadera maravilla: peludo y juguetón, y Dimitri recordaba cómo su hermano le había pedido que cuidara de Bossi, ya que pertenecía a su hermosa esposa.
Bossi había crecido enormemente desde que llegó a la vida de Dimitri, convirtiéndose en una bola de pelo gigante que siempre estaba listo para jugar y disfrutar de su compañía.
Dimitri cuando llego a su trabajo no pudo evitar notar que el líder de Alemania, Jair,...