Isabella Romanov avanza con paso firme, atravesando la iglesia repleta de miembros de la mafia rusa. Los hombres la contemplan con un velo de intriga, mientras que las mujeres no pueden evitar sentir un deje de envidia ante su presencia imponente y su futuro como la esposa del hombre más importante de Rusia.
Su vestido, largo y de un blanco inmaculado, envuelve su figura con elegancia y gracia. El cabello, perfectamente recogido, revela una nuca delicada y unos hombros esculpidos con precisión. En su rostro, una expresión de seriedad gélida, como si estuviera hecha de hielo puro. El maquillaje es sutil, acentuando la belleza natural de sus ojos azules y...