Isabella, con los ojos cerrados, anticipa lo peor mientras el sonido de una explosión llena el aire y el humo la hace ver borroso. Siente a alguien apartar a Nokolai pegándole un puñetazo. Esa misma persona le entrega un arma antes de guiarla hacia la salida de emergencia.
Aunque desconoce quién la ayudó, sospecha que pudo ser Dimitri, ya que Mijaíl parece haberla abandonado.
Agradecida, Isabella corre con todas sus fuerzas lejos de la casa, las lágrimas inundando su ser y su corazón latiendo desbocado. El dolor y la impotencia persisten, recordándole el peligro que enfrentó y las manos de su agresor, quien estuvo a punto de cometer un acto...