Isabella se despertó con lágrimas en los ojos, su cuerpo temblando por el recuerdo de la noche anterior. El terror seguía acechándola, como una sombra oscura que no la abandonaba. Sentía el frío y el asco de las manos de Nikolai recorriendo su piel, dejando cicatrices invisibles pero profundas en su alma. El miedo a que la mataran la atormentaba constantemente.
Al abrir los ojos, se dio cuenta de que estaba en una habitación desconocida. La luz tenue revelaba los detalles de una habitación modesta, pero lo que más destacaba era la figura de Aurora, su madre, abrazándola con fuerza. Aurora la apretaba contra su pecho, como si intentara protegerla...