Chapter 6 6

Chapter 6 6

Poco a poco, se fueron perdiendo entre besos en cualquier rincón del cuerpo, y para sorpresa de Olivia, él bajó.

—¿Qué haces?

—Tú... Solo confía en mí —comentó él mientras quitaba su ropa interior, con sus dientes.

Olivia, nunca había tenido un encuentro así. Aún era joven, e inexperta. Aterrada dejó que él hiciera lo que quisiera.

—Eres natural.

— Sí, de vez en cuando me... hago un recorte —murmura avergonzada él no pudo evitar reírse ante su sinceridad.

—Estás perfecta así.

Y para sorpresa de Olivia, sintió su lengua en su intimidad. Abre los ojos con sorpresa sintiéndose completamente avergonzada.

Y ahí, empezaron a hacer el amor sin parar en un solo segundo y sin quitarse las máscaras.

Después Olivia, sigue bebiendo junto con aquel hombre y se quedó dormida en aquella cama, sintiendo el abrazo de Emilio sobre ella.

En cuanto estiró los brazos, se sintió verdaderamente cómoda; algo confundida, y con el semblante extraño, se despabiló.

Olivia abrió los ojos lentamente. Se despertó. Todo le parecía confuso y borroso. ¿Dónde estaba? Se sentía bien y todavía podía sentir el recuerdo de una boda. Y estaba tan feliz. Pero ¿con quién se había casado? No podía recordar.

Olivia se despertó con un escalofrío. A donde había ido Emilio? ¿Era todo un sueño? Pensó en la boda y cómo estaba tan feliz. Pero algo no estaba bien. Empezó a sentir miedo, y la habitación se veía más borrosa aún. Se sentía perdida y desorientada.

—¿Este es el hotel? —se preguntó en voz alta.

No lo reconoció, el lugar era ligeramente más grande. Además de que los ventanales daban una vista espectacular.

"El ambiente se había cambiado. Ahora el espacio era más vacío, más frío, más oscuro. La música sintética de fondo cambió de tono, ahora sonaba más agitada. Las luces parpadeaban y parecían dar vueltas. Todo se sentía muy lejano. '¿Qué pasa?' gritó ella, pero la habitación no respondió."

No recordaba aquello del hotel, sin embargo lo adujo a que estaba muy borracha.

Se puso de pie, tenía puesto una bata de color blanca y empezó a caminar.

Olivia caminó, sintiendo aún un poco la euforia del alcohol. No parecía lógico que estuviera tan borracha por un par de copas, pero no tenía la cabeza lo suficientemente clara como para razonar. Se asomó a la puerta y salió a la calle.

Abrió la puerta, y efectivamente se dio cuenta de que ese no era el hotel de siempre.

—¿Dónde estoy? —preguntó un poco asustada, y siguió caminando descalza, atravesando un pasillo tan largo, qué le hacía marearse.

Pronto lo primero que vieron sus ojos fue una larga escalera que bajaba de manera de caracol. Empezó a caminar hasta que finalmente llegó al final.

—Señorita, aquí está —comentó un hombre que no conocía.

—Sí, ¿quién es usted?

—Perdón, soy maleducado. Usted es la señora de la casa y yo...

—¿Señora de la casa? de qué está hablando ¿Es una broma de Emilio..?

—El señor...

—Ya luego ¿Dónde se encuentra tu jefe?

—Usted, tiene que volver a la habitación, y pronto le explicaremos.

La llevó, Aunque Olivia no comprendía nada, obedecidio.

Ingresó nuevamente en aquella habitación se cruzó de brazos, por qué tanto misterio.

¿Dónde estaba su ropa?

¿Dónde estaba ella?

No comprendía nada, se mordió los labios con preocupación. Pronto golpearon la puerta.

—Pasen —murmuró ella, dos hombres con traje, se acercaron a su lado.

—¿Nos puede acompañar?

—Supongo que sí —comento un poco asustada, y lo siguió.

Avanzaron cinco puertas hasta que llegaron a una un poco más grande. Había un hombre dado vuelta de espaldas, y ella adujo que se trataba de Emilio.

—¿Señor Emilio? —preguntó con la voz queda.

—Soy el escribano de la familia, quería informarle, usted está casada con él. El señor, tuvo que salir de urgencia en un viaje a China. Por ese motivo no lo podrá ver. De igual forma, usted...

—¿Qué? ¿me está hablando que me casé? ¿De qué están hablando y por qué estoy aquí?

—Al Señor le pareció bastante oportuno traerla aquí.

—¿Y yo estuve de acuerdo? ¡No lo recuerdo!

—No lo sé, pero al parecer él la trajo de igual forma.

Una mujer, se acercó.

—¡¿Qué?! —gritó Olivia. —No puede ser verdad. ¿Dónde está Emilio?.

La mujer sonrió y la tomó de la mano.

—No te preocupes. Estás aquí con nosotros ahora, y no te faltará nada mientras estés aquí. Todos te cuidarán. ¿Por qué no te quedas con nosotros un ratito y tomamos un té?

"¿Estoy soñando? ¿Qué es lo que me está sucediendo? ¿Por qué no recuerdo lo que pasó anoche?".

—No... —murmuró más para ella misma que para el contador.

—Míreme, usted tiene que quedarse aquí, es la esposa.

—No, yo no me quedaré aquí. Yo no conozco a ninguno de ustedes, además ni siquiera sé dónde estoy, tienen que dejarme salir.

—No, usted ahora es propiedad del señor Alba.

—¿Es su apellido?

Él asintió

—Pues no me interesa. Yo no quiero estar aquí ¡Yo en ningún momento estuve de acuerdo con casarme!

De pronto ella recordó, aquella conversación que había tenido justo antes de ingresar a la habitación con él.

Sin embargo no pensaba que en verdad se haría algo así. Enojada, tuvo que volver a su habitación, arrastrando sus pasos y finalmente llegando.

—¡Ahora ni siquiera tengo ropa! —protestó, se acercó un gran armario y al abrirlo se quedó boca abierta.

Había muchísimos conjuntos de ropa, incluso pantalones, zapatillas cómodas. Muchísima ropa interior, sus mejillas se volvieron rojizas.

—Tengo que buscar la manera de salir de aquí, ¿cómo pudo pasar de ser tan encantador a aterrador? —se preguntó.

"Olivia pensó que tenía que huir, o al menos intentarlo. Buscó otras formas de salir, tal vez por la ventana o por una puerta de seguridad. Pero no estaba segura de si estaba dispuesta a saltar por una ventana, y la puerta estaba cerrada con llave. Sentía la necesidad de abrir la puerta, pero no podía hacerlo."

Primero, le había enamorado y después de sacarle la virginidad, la había secuestrado. Era lo único que faltaba. Un poco asustada, miró por los grandes balcones. Intento abrir, sin embargo estaban cerrados.

Cuando quiso abrir la puerta de la habitación no pudo hacerlo.

—Déjenme salir —comenzó a gritar.

Pero nadie le hacía caso. Suspiró frustrada, pateó una y otra vez la puerta, hasta que le dolieron los pies.

—Déjeme salir —volvía a insistir, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

Dejó caer su cuerpo, hasta que se hincó rodillas. Tenía que haber alguna manera de salir de allí, y no sabía de qué manera hacerlo.

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