—Eso debe ser triste.
—Lo es, y aún me afecta.
—¿Por qué no intentas hablar con él? —sugirió.
—Lo intenté, y él ni siquiera quiso hablarme así que dudo que le importe.
Tras decir eso, caminé a la salida aunque esta vez no lo hice sola. De igual forma me sentía vacía y triste.
En la parada del colectivo, mis manos aburridas un poco agrietadas, era el frío que comenzaba a aparecer: mi piel, no era muy resistente al mismo.
Me abracé a mí misma, procurando darme un poco más de calor. Me sentía tan vacía, echaba de menos la compañía de Leandro o ir en su vehículo que tenía...