Le gusta chapotear el agua, un acto divertido para él, en consecuencia acabo empapada. Lo dejo que disfrute un rato, no mucho o puede resfriarse.
—No, mami, no quelo.
—Samuele, no quiero que te pongas como una pasa fea y arrugada, ¿quieres ser así?
—No. —su expresión asustadiza no se hace esperar y abre los brazos para que lo saque de la bañera.
—Perfecto. Voy a vestirte y te quedarás en tu habitación tomando la siesta, ¿de acuerdo?
Asiente.
Le pongo la ropa. Y ya empieza a cabecear, hasta que ya no da más y cae rendido. El agua lo relaja, al punto de enviarlo directo a la plácida inconsciencia....