—L-llévame a c-casa.
Habían pasado dos semanas desde aquel episodio en el departamento de Joel, cuando me preguntó por mi brazalete de plata. No sé cómo explicarlo, pero en ese momento simplemente no pude mentirle. No porque no pudiera inventar una buena mentira, sino porque no quise hacerlo. No a él.
Cuando me di cuenta de eso, me sentí confundida y frustrada. ¿Por qué me sentía así? Solo conocía a Joel desde hacía un mes y medio, y sin embargo, lograba provocarme esas reacciones.
Movía el pie al ritmo del bajo que salía por mis auriculares mientras esperaba frente a la biblioteca del colegio. Joel iba a pasar por mí....