Inmediatamente, imágenes de Humberto en la ducha invadieron mi mente.
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¿Alguien puede apagar su maldito celular? Estoy tratando de dormir aquí.
Gemití en voz alta, pero mi sonido debió salir apagado, ya que mi boca estaba cubierta por la suave almohada de Humberto.
El teléfono sonó de nuevo y suspiré de manera desalentada. Parece que alguien no quiere que duerma. Bueno, iban a tener un día ajetreado porque tenía todo el derecho a darles un buen sermón.
Me arrastré hacia el otro lado de la cama, el lado de Humberto, y fui inmediatamente envuelta por su caliente y muskoso aroma. Suspiré de placer y me arropé en las sábanas,...