—¿Fue otra pesadilla?
Gemí por dentro al recordar las sensaciones que acababa de experimentar: la sensación de caer y flotar al mismo tiempo, la incapacidad de sentir nada y, finalmente, la suave textura del pasto bajo mi piel.
Sabía dónde estaba y también sabía a quién iba a encontrarme. Pero el problema era que no quería ver a esa persona—si es que se le podía llamar así—desde la última vez que la vi.
No tenía idea de qué satisfacción obtenía al llamarme a su mundo mágico una y otra vez, pero ya quería que esas visitas inexplicables y frustrantes terminaran de una vez por todas.
¿Era tan difícil de entender?...