“Sin pensarlo, coloqué mi palma en la suya.”
Me desperté sobresaltada, llevándome la mano a la garganta sudorosa, ahogada por una pesadilla horrible. Aun dormida, sabía que me había estado agitando físicamente en la cama, porque la pesadilla se sentía tan real, tan parecida a lo que había vivido la semana pasada.
Moví los ojos con desesperación, aliviada al encontrarme en mi cuarto y no en ese callejón oscuro con esos hombres horribles.
El edredón estaba hecho un nudo alrededor de mi cuerpo y las sábanas, empapadas de sudor. Respiraba con dificultad, sintiendo el cabello pegado a la cara y a la nuca, lo que solo aumentaba la sensación de...