De regreso a casa iba tan retraída en su propia mente, que no vio venir a la pequeña niña que venía corriendo en dirección opuesta. Abre los ojos reaccionando rápido tomando el brazo de la pequeña, evitando que caiga al suelo.
—¿Estás bien?
—Ujum —afirma mirándola con desconfianza.
—Lo siento cariño —dice soltando su bracito—. Debería tener más cuidado y no correr, es muy peligroso hacerlo si están cerca los autos.
—Mi mamá dice que lo haga por la acera —habla con voz chillona.
—Así es, debes obedecer a mamá —le sonríe y la niña muestra los dientes faltantes que está mudando—. ¿Estás sola?
La niña está por responder pero...