Mi madre terminó con mi cabello y por fin me dejó mirarme al espejo. Las lágrimas de felicidad se acumularon en mis ojos y amenazaban con salir, me veía realmente diferente y preparada para éste gran día, para éste momento tan especial para mí. Carolina y Abril me observaban con una sonrisa totalmente inmensa y ni decir de mi padre, parecía querer llorar de nuevo. Tenía esa sonrisa de orgullo que hacía que me sintiera más que feliz.
—Estás preciosa—murmura mi padre, acercándose a mí.
—¡Es hora!—exclama Abril mirando su celular.
Mi corazón empieza a latir fuertemente.
Salimos de la casa y vemos a la limusina que llevaba rato esperándonos...