¿Qué había pasado con la distancia? ¿Con ir lento mientras aclaraba todas mis dudas? ¿En qué demonios estaba pensando?
Esa respuesta la sé. No estaba pensando en lo absoluto.
Lo único que necesité fue encerrarme en ese ático con un tenue olor a madera y que de alguna manera resultara cálido para que se me hubiera olvidado cualquier pensamiento que no lo incluyera a la persona que entró detrás de mí. Que no lo incluyera a él.
Sus ojos grises habían suprimido cualquier pensamiento, sus pasos confiados mientras se acercaba a mí para quitarse la camisa. No había podido pensar en nada más que en su maldito torso desnudo, no...