—¿Cómo supiste que estaba aquí? —le pregunté.
Will tenía unas fachas horribles, desde dónde estaba podía oler el alcohol que emanaba y era muy desagradable para mí, me hacia querer vomitar. Sus ojos barrieron todo mi cuerpo y de una manera la cuál me disgustó mucho, sentía que algo iba a acabar mal aquí.
—Deberías irte—pronuncié.
Me acerqué al interfono para llamar a seguridad. ¿Cómo pudieron haber dejado entrar un borracho aquí? No lo entiendo.
—No—me detuve en seco al escuchar su voz rasposa. El «no» lo escuché amenazante, y me dió mucho miedo.
—¿No qué? —inquirí.
Me dió escalofríos. Él aún seguía en el elevador sin mover ni un...