Estaba bastante nerviosa.
No, nerviosa no era palabra para describir como me sentía ahora mismo, con el estómago revuelto y el cuerpo temblando, tan agitada que me sentía ahogada y a punto de vomitar si intentaba comer algo que no fuera agua.
Ahora mismo me daba cuenta que no debería haber sido tan dura con mamá el día de su matrimonio porque sentía las mismas ganas de no presentarme que ella.
El karma era bastante cruel.
—¡Ma!
Dacey me llamó con impaciencia, alargando la vocal tanto que parecía más un grito que un llamado, cuando la miré ella sacudió sus manos como si esa fuera explicación suficiente.
—¿Qué quieres, cielo?...