—¿Estás bien?
—¿Por qué no lo estaría?—me encogí de hombros mientras terminaba el contenido de mi vaso.
Alán había notado, porque le había clavado las uñas en el brazo, que no estaba cómoda parada frente a la mesa donde estaba parte de la familia de Lucasy su novia mientras que me perforaba con los ojos con enojo.
¡Lo peor era que él estuviera enojado!
Así que él había saludado por los dos mientras que yo me esforzaba en mantener la sonrisa en mi rostro y me había llevado a la barra, lejos de la mesa pero que igual me permitía sentir una mirada clavada en mi nuca.
—Es el segundo...