Gemí mientras mi papá me acomodaba en la cama. Mi mamá entró corriendo y lo echó de la habitación. —Cariño, ¿cómo te sientes? —preguntó mientras se sentaba a mi lado.
—Duele… —sollozé. Señalé mi abdomen y me rasqué. —Detente, te harás daño —me sujetó las manos y suspiró.
Mi cuerpo picaba, sentía como si miles de insectos me estuvieran recorriendo. Mi corazón latía tan rápido que pensé que iba a morir.
—¿Qué más te duele? —preguntó.
Inspiré profundamente y cerré los ojos con fuerza. —Mi pecho… duele al respirar —jadeé—, hay algo mal en mi corazón… está… latiendo tan rápido… se siente como si—me ahogué y rompí a llorar.
—Es...