—Nos vemos esta noche —llamé mientras me ponía el abrigo.
Abrí la puerta, salí de la casa y la cerré detrás de mí. Siempre salgo un poco temprano para el trabajo, me gusta el bullicio de la manada a primera hora de la mañana. Todos comenzando su día, ya sea yendo a correr o llevando a sus cachorros a la escuela. Siempre hay alguien por ahí.
Tarareaba para mí misma mientras caminaba por la acera.
—Buenos días, Ayla —Mavis, una loba anciana, me saludó desde el otro lado de la calle.
—Hoy sí que me atrapaste —reí mientras le devolvía el saludo.
Ella está en su jardín todas las mañanas,...