—Sabes, tienes que comer en algún momento. —El guardia me reprendió. Fruncí el ceño y empujé la bandeja lejos.
—Está bien, muérete de hambre. No me importa. —gruñó. Salió de la celda dando un portazo.
No tengo idea de dónde estoy. Después de desmayarme, desperté encerrada en una pequeña caja de hierro. Tengo que quedarme acurrucada, no puedo estirar las piernas y no puedo transformarme; de lo contrario, sería doloroso y probablemente rompería todos mis huesos. Lo han pensado bien.
Lo que me dispararon fue sin duda obra de una bruja. Apostaría a que perfeccionaron su suero o lo que sea en ese Lobo Oscuro que tenían. Este suero es...