Examiné la escena frente a mí. No sabía si reír o llorar. Sentado detrás de un escritorio estaba el hombre de antes; a su derecha estaba Selena y a su izquierda estaba el mismo diablo, o diablesa. Sabía que a Selena no le gustaba, pero Diosa, no me di cuenta de cuán profunda era su odio hacia mí.
—Amaris Espina, es un placer verte de nuevo —dijo el hombre.
Lo miré con el ceño fruncido.
—Oh hombre, eso se ve doloroso. Espero que te duela —me reí, señalando su cara. Tenía profundas y desagradables marcas de garra en el lado izquierdo de su rostro.
—Necesitamos... —gruñí, interrumpiéndolo.
—No voy a...