Mis ojos se abrieron de golpe cuando la puerta voló por toda mi habitación. Me senté y me froté los ojos mientras mi papá y mi hermano entraban con calma en mi cuarto.
—Tenía auriculares puestos... Por eso no nos escuchó —gruñó Owen.
Me recosté y me acurruqué.
—¿Vas a levantarte de la cama hoy? —preguntó mi papá mientras se acercaba a mí.
Negué con la cabeza.
—Ayla, necesitas hacerlo, cariño —suspiró.
Los ignoré. Lo que necesitaba era encontrar el valor para ir y rechazar a Tobías. Pero no podía. No importaba cuántas veces intentara animarme, siempre terminaba hecha un mar de lágrimas.
Ambos salieron de la habitación y yo...